Los deberes, ¿una tradición del siglo XX?

Ficha Tamara


¿Sabíais que los deberes están prohibidos en la escuela primaria española desde 1956, cuando el Ministerio de Educación aprobó una circular en ese sentido?

Ante esta cuestión han surgido infinidad de opiniones justificando la necesidad de deberes para casa, mientras otras tantas apuestan por una rebelión, asegurando que los niños necesitan tiempo para jugar y socializar.

Siendo este un tema tan polémico, acerca del cual ni los especialistas son capaces de llegar a un acuerdo, considero que debe atenderse a la cantidad de matices que esta temática ofrece, sin la obligación de posicionarse ante alguno de estos extremos.

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Hace dos años, los padres franceses se declaraban en huelga de tareas escolares contra la degradación de la escuela pública, con el lema “ce soir, pas de devoirs!” (¡esta tarde, nada de deberes!).

Ante esta propuesta, Jean Jacques Hazan, presidente de la  Federación de Consejos de Padres de Alumnos de Francia, (FCPE), asegura que “hace falta que los niños enseñen en casa lo que han aprendido en el colegio y no que enseñen en clase lo que han hecho en casa”.

A partir de esta reflexión, podemos hacer referencia a las desigualdades que, desde este enfoque, pueden plantear los deberes ya que, como es sabido, no todas las familias se encuentras en la misma situación a la hora de ayudar a los más pequeños en sus tareas. Además de esto, hay quien apunta que los deberes pueden plantear efectos contrarios no deseados, como vincular a estos con la dependencia de alguien con quien realizarlos o lograr la motivación solo a base de negociaciones o castigos, en lugar de lograr automotivación, disciplina y responsabilidad.

En relación con esto, resulta evidente destacar la colaboración de las familias como factor de éxito escolar. Sin embargo, como padres y, participando en la educación de los niños, en ocasiones, se cree tener la respuesta acertada para todo, aunque, en ocasiones, suponga contradecir las indicaciones de los educadores. Sin embargo, ¿dudamos acaso cuando un médico nos receta un medicamento en concreto?

Volviendo a la cuestión inicial, permitiendo que cada uno logre posicionarse en base a unos argumentos concretos, presentaré una lista de justificaciones en contra y a favor de los deberes. No obstante, como indicaba al principio, la solución no se encuentra en ninguno de los dos extremos, teniendo en cuenta que la cuestión no es la cantidad sino la calidad.

  • En contra de los deberes:

-Necesitan desarrollar su imaginación a través del juego y la socialización con otros niños.

-No se adaptan a las necesidades individuales de cada niño, ya que los deberes por excelencia suelen ser los típicos cuadernillos conocidos por todos.

-Generan una actitud negativa hacia el estudio, produciendo un efecto inverso a la motivación por aprender.

-Crean tensiones y ambiente negativo entre padres e hijos. ¿Quién no ha presenciado una situación conflictiva a la hora de los deberes?

-Los padres hacen los deberes de los niños. En muchas ocasiones, los padres pretenden que sus hijos presenten trabajos envidiables, optando por realizarlo ellos mismos, olvidando el verdadero objetivo de estas tareas y fomentando las desigualdades entre otros alumnos.

-Excesivas horas de trabajo que impiden compatibilizar con actividades lúdicas. En los últimos años se ha incrementado el tiempo que los menores han de dedicar en casa a realizar las tareas escolares, lo que demuestra que la escuela no responde adecuadamente a las necesidades educativas.

  • A favor de los deberes:

– Disciplina, esfuerzo y constancia son los tres elementos clave que define a los deberes.

-Ocasión para interactuar positivamente con tus hijos. Al igual que caracterizarse por un momento de tensión en ocasiones, también puede ser aprovechado para descubrir más el uno del otro.

-Consolidar conocimientos y habilidades aprendidas.

-Crear un hábito de estudio, basado en la constancia, siendo esta una característica que deberá tener en cuenta a lo largo de su vida, tanto el ámbito profesional como en el personal.

Schoolmates

Tras todo ello, mi postura podría inclinarse hacia una nueva percepción del término, redefiniéndolos y eliminándolos como son conocidos hasta ahora: cuadernillos, copiados, dictados o ejercicios del libro, abriendo paso a motivadoras actividades de indagación, que permita aprender de forma inconsciente mientras se divierten con aquello que hacen. En este sentido, considero que las TIC brinda una increíble oportunidad para lograr fusionar lo mejor de cada postura, y todo ello con un fin común: lograr que los niños aprendan y disfruten con ello.

Por tanto, tras esta conclusión, más allá de una rebelión a favor o en contra de los deberes, deberíamos centrarnos en la redefinición de estas tareas, recordando de nuevo que cantidad no es calidad y que existe infinidad de alternativas que permite a los más pequeños adquirir aprendizajes significativos sin las necesidad de desmotivar o generar actitud negativas hacia el estudio.

Y tú, ¿qué opinas de los deberes? ¿son necesarios tal y como están definidos?

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