Amor asfixiante

Ficha Raquel


Inmadurez, tolerancia cero al fracaso, consentimiento, impaciencia. Todas estas son algunas de la larga lista de consecuencias que derivan de la sobreprotección infantil.

Haciendo referencia a su procedencia etimológica para elaborar una definición sobre este concepto descubrimos que protección, del latín “protectio”, es la acción y efecto de proteger (resguardar, defender o amparar a algo o alguien). La protección es un cuidado preventivo ante un eventual riesgo o problema. Por otro lado, la Sobreprotección es definida por el Diccionario de la Real Academia Española, como una reiteración de protección; con dominio o superioridad.

Pero, si no existe ningún “riesgo o problema” ¿por qué actuamos como si lo hubiera?

Según algunas fuentes consultadas se expone que el sobreproteccionismo deriva de situaciones como la necesidad de suplir la falta de tiempo de las figuras paternas, la culpabilidad por parte de estos, la inseguridad de derivar en una educación con falta de atención, etc.

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Nos encontramos en un momento inestable, los cambios experimentados en las estructuras familiares y el siglo XXI en sí mismo, dirigen a nuestros menores a un modelo personal basado en la falta de autonomía y de independencia y en la impertinencia. ¿Cuántas veces no hemos oído, “¡mamá quiero eso y lo quiero ya!”?

En ocasiones no somos conscientes de las consecuencias de estos actos, muchas veces involuntarios. Algunas de las más importantes son las siguientes:

-Coartamos su libertad

-Retrasamos el desarrollo madurativo e incluso intelectual.

-Creamos inseguridad en el niño.

-No permitimos el desarrollo y crecimiento óptimo del niño

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Tal vez debamos buscar las respuestas a este tipo de sociedad que estamos creando más allá del entorno familiar, es decir, en nuestro sistema educativo actual. “No podemos salir al patio a jugar porque está lloviendo”, “Hoy la sesión de Educación Física será teórica porque hace mal tiempo”. Habitualmente escuchamos este tipo de comentarios en los centros escolares y pensamos que se trata de lo más normal, pero entonces, ¿qué hacen en los países en los que la nieve y la lluvia son protagonistas día a día? Salen. Salen y desarrollan sus jornadas usuales y no dejan a los alumnos en el aula tratándolos como vulnerables.

Tratemos de aumentar su autonomía y de lograr cierto grado de responsabilidad para fomentar su madurez. De esta manera, lograremos que se conviertan en individuos independientes y seguros capaces de descubrir por sí mismos las posibilidades que les presenta el entorno. Llevando a cabo todo esto, estaremos consiguiendo que su autoestima y autoconcepto crezcan.

Algunas tareas sencillas como llevar su propia mochila al colegio, cumplir horarios, obedecer a la hora de cumplir reglas establecidas o no acceder a todos sus caprichos pueden ser algunas medidas que nos conducirían a lograr lo anteriormente expuesto.

Debemos aprender a diferenciar entre amor y sobreprotección. Centremos nuestro objetivo en proporcionar amor y cariño a los más pequeños cuando sea necesario y no los asfixiemos en un intento de evitar cualquier daño o lesión. Eduquemos con el objetivo de crear personas independientes, autónomas y críticas con gran tolerancia a la frustración, preparados para la vida real y no para el cuento de hadas.

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