Es que no me va a dar tiempo….

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¿Recordáis esos momentos en los que al volver del colegio teníais todo el tiempo del mundo para ser niños?

En sólo una tarde daba tiempo a hacer los deberes del día, merendar viendo algún dibujo animado o en el parque (donde habías quedado con tus compañeros y tu madre/padre/abuelos te llevaba algo para llenar el estómago), jugar a aquello que más te apeteciese, ducharte, cenar y leer un poco antes de ir a dormir, sin pasar de las diez de la noche. Incluso los días que teníamos alguna actividad extraescolar teníamos tiempo de ser niños y no preocuparnos por la vida. Cuanto tiempo teníamos… o, mejor dicho, qué bien aprovechábamos el tiempo.

Recuerdo que, siendo pequeña, durante la semana tenía un horario establecido. No me estoy refiriendo a un papel dividido en distintas secciones determinadas por un tiempo, sino a una rutina que me permitía llevar a cabo cualquier actividad que quisiese realizar a lo largo de la tarde. No se trataba de una rutina fija, sino que era un hábito, un control de mi propio tiempo. Era autónoma.

Los discentes de estas últimas generaciones, a pesar de salir antes del colegio, pues no tienen clase por la tarde, se caracterizan por no tener tiempo para nada. Ahora bien, si es cierto que las tareas de clase han aumentado y cada vez son más las exigencias educativas que se piden a los mismos, también es cierto que han desaparecido (o, están en proceso de desaparear) los hábitos de estudio, las planificaciones de tiempo que nos permiten realizar las tareas pendientes de manera más eficaz.

Los niños de hoy en día, en su gran mayoría influenciados por los horarios de sus padres o tutores legales, no conocen los hábitos de estudios adecuados que les permiten planificar su día a día; siendo su ritmo de vida incompatible con las exigencias de sus estudios.

Son muchas las distracciones con las que cuentan hoy en día los niños. El número de actividades extraescolares que realiza un alumno ha aumentado, las nuevas tecnologías les ofrecen un gran ratio de oportunidades para pasar el tiempo, etc. Todas estas influyen en la vida del alumno de manera negativa si no es delimitado su uso adecuadamente.

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No es necesario que se realice un horario concreto y cerrado que planifique al alumno, pero sí se puede ayudar a que este lleve un hábito de estudio más organizado que le permita realizar tanto las actividades voluntarias como las tareas del colegio con ciertas indicaciones:

  • Preguntar sobre las actividades llevadas a cabo en el colegio ese día así como las mandadas para casa, al recogerle del centro.
  • Ayudar al alumno ha organizar su habitación de manera que esté divida en espacio de estudio (libre de distracciones) y espacio de ocio.
  • Establecer acuerdos en cuanto al cumplimiento o no de la tarea asignada, enseñándoles la importancia de los compromisos.
  • Enseñarles a organizar sus actividades según la fecha de entrega de las mismas y la prioridad de estas.
  • Mostrarle la importancia de los hábitos de higiene y alimentación para conseguir una mayor eficacia en las tareas cotidianas.

Pero, sin duda, el aspecto más importante a tener en cuenta es que este proceso no sólo debe realizarlo el niño, sino que el responsable de este en dichas ocasiones debe ayudarle y guiarle, pues, para el niño, es un ejemplo a seguir de cómo planificar su día a día y permitir tener tiempo para realizar las tareas de clase y las actividades voluntarias del mismo.

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