La Madrasa: un colegio en el desierto del Sahara

Elenaficha


A quien le pueda interesar,

Como docente y persona interesada por el marco educativo actual, entendiendo el mismo como un aspecto global que comprende el aprendizaje de niños y niñas de todo el mundo; estar al corriente de qué centros llevan a cabo metodologías o proyectos innovadores me parece una obligación para mi formación.

Es por ello que, cada día, me encuentro a mí misma leyendo algún artículo titulado “el mejor colegio se encuentra en Finlandia” o “metodologías activas como base de la enseñanza actual” así como cualquier otra variante que pueda ser utilizada para hablar sobre la educación del futuro, la cual no está tan lejos del p2B5175C4E72750FB28AF2A50FB26BAresente como creemos.

Sin embargo, muchas veces dejamos a un lado otro tipo de centros educativos que luchan día a día para que los escasos niños que rara vez acuden a sus aulas reciban una formación necesaria que les permite crecer en un mundo mejor.

Hablo de los centros que podemos encontrar en la tierra del Sahara. Colegios compuestos por una o dos aulas en las que hallamos alumnos de todas las edades y, por tanto, encontramos un rango de desnivel cognitivo tan alto que dificulta que el seguimiento de cada uno por separado sea el esperado.

El pueblo Saharaui es un colectivo africano que en 1975 se vio obligado a dejar sus tierras bajo las órdenes de Hassan II de Marruecos tras la Marcha Verde, siendo desterrados algunos a la parte del desierto del Sahara y otros a lo que hoy en día es conocido como los campamentos saharauis de Tinduf, compuestos por cinco wilayas: El Aaiyún, Auserd, Smara, Dajla y 27 de febrero.

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Cada wilaya cuenta con una madrasa, que es el nombre que se le da a los centros educativos de educación primaria y en la cual se imparte las asignaturas básicas para el desarrollo intelectual del niño: Lengua Árabe, Tecnología, Matemáticas, Geografía, Educación Físico, Ciencias Naturales, Educación nacional- Historia Saharaui y Religión Islámica y, a partir de segundo, Lengua Española.

A simple vista pueden parecer centros adecuados como los que encontramos en nuestro país, pero esta afirmación no puede estar más lejos de la realidad. Las pocas clases con las que cuentan están formadas por pupitres que se desarman, poco material que apenas cubre las necesidades del aula. En general, un espacio que es poco valorado tanto por las familias como por alumnos, lo que conlleva a una gran tasa de abandono escolar.

Una situación reprobable teniendo en cuenta el siglo en el que nos encontramos. Entiendo que esta es debida en gran parte al marco político que encontramos en el país pero ¿acaso no hay otras maneras de luchar por el derecho a la educación?

Atentamente,

una futura docente que espera poner un pie en una madrasa en algún momento de su carrera.

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