Que no se me olvide

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Investigando en la web sobre cómo trabajar las emociones en la escuela y leyendo algún artículo interesante al respecto, se me ha ocurrido usar esta entrada para darme consejos a mí misma (y a quien lea). Así que me me he dedicado las siguientes palabras.

Un maestro es (o debe ser) muchas cosas. Entre ellas se encuentra la de ser un guía y ejemplo. Sara, eso va a ser parte de tu trabajo. No va a ser fácil, pero va a ser el mejor trabajo del mundo.

Los consejos, las orientaciones y enseñanzas que le darás a tus alumnos van tener fuertes repercusiones en las personas que serán en un futuro, sobre todo si vienen de parte de uno de los pilares de su vida. El contexto en el que se mueve un niño y en el que se desarrolla en su niñez, engloba a la familia, la escuela y el barrio en el que vive. Partiendo de ahí, se ve claro que tú formarás parte esencial de su desarrollo.

Para ayudar a tus alumnos a desarrollarse desde dentro y convertirse en personas sinceras, compasivas, responsables, etc. (una serie de cualidades que debemos inculcar en ellos) tenemos que empezar a enseñar a los alumnos a gestionar sus emociones y que aprendan a controlarlas. Te voy  a dar una serie de consejos para que te los grabes a fuego.

  1. No dejes que tus alumnos huyan de sus sentimientos. Tendrás niños que no reconozcan que se sienten mal porque no están acostumbrados a hablar de sus sentimientos con nadie. Para poder ayudar a este tipo de niños, primero debes ayudarles a reconocer sus sentimientos para poder ayudarles a superarlos y controlarlos.
  2. Enseña a no juzgar las emociones de nadie. Los niños, al igual que los adultos, no pueden evitar sentir emociones. Si lloran, quizá sea porque no pueden evitarlo o porque lo necesitan. No debemos dejar que nuestros alumnos piensen que llorar es de débiles, por ejemplo, o que es “de niñas” porque “las niñas lloran y los niños no”. Si al niño le enseñamos que llorar es de débiles, cuando en su madurez vea a una mujer u hombre llorar, automáticamente le achacará una debilidad que no tiene por qué tener. Aceptar las reacciones que el cuerpo tiene a las emociones es sano, negarlas no.
  3. Ayuda a tus alumnos a entender sus emociones. Quizá veas a un alumno cabizbajo o enfadado sin razón aparente. Probablemente al principio él tampoco sepa por qué o no quiera contártelo. Ayúdale a verbalizar sus sentimientos y a entender por qué los siente. Solo así podremos ayudarles a gestionar sus emociones.
  4. Ayuda a perdonar. Es importante enseñar a los alumnos a superar el resentimiento. No es sano recordar y sentir emociones negativas que no llevan a ningún lado.

El objetivo de estos consejos es que consigas que al final tus alumnos sigan todas estas pautas inconscientemente, aprendiendo a gestionar, superar y aprender de sus emociones. Es imprescindible para formar personas maduras (en la medida de lo posible, no dejan de ser niños) y sensatas.  

Tú, como responsable de un grupo de menores, también debes tener la cabeza sobre los hombros. No dejes de leer un buen libro de vez en cuando. Haz ejercicio, aunque te cueste arrancar. Sal con tus amigos y despéjate. Viaja siempre que puedas. Reinvéntate cuando te quedes desfasada, no te estanques. Ah, y por cierto, no dejes de leer blogs como:

Espero que el futuro nos depare felicidad. Pero ya sabes, gran parte de lo que pase entonces debes empezar a gestarlo ahora.

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