Seño me duele la cabeza, quiero irme a casa

Raquelficha


Muchas fuentes intentan definir el acoso escolar. Una de las definiciones mejor aceptada es la acuñada por Dan Olweus (pionero en el estudio de la intimidación y su investigación): “Un estudiante se convierte en víctima de acoso escolar cuando está expuesto, de forma reiterada y a lo largo de un tiempo, a acciones negativas llevadas a cabo por otro u otros estudiantes” pudiendo ser estas de tipo psíquico o físico.

El 6% de los niños españoles sufre acoso escolar. Son niños de entre 4 y 11 años los que más sufren este tipo de acoso, también denominado bullying. Se trata de un porcentaje no muy elevado e inferior al resto de la media europea pero con graves e irreparables consecuencias, en la mayoría de los casos.

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Actualmente, y a causa del crecimiento constante del uso de las nuevas tecnologías y la introducción de las mismas en los entornos infantiles, se ha desarrollado lo que se conoce como “ciber acoso” o ciberbullying. Este reciente término es para algunos especialistas aún más grave que el descrito anteriormente ya que la persona acosada no sabe a qué o a quién se enfrenta realmente y no puede utilizar ningún tipo de defensa. Además, a esta situación se añade la posibilidad de rebasar barreras como el aula o el colegio y la capacidad para establecer más apoyos y más víctimas con menos esfuerzo.

Según estudios realizados por Microsoft entre 2011 y 2012 un 37% de los jóvenes españoles sufría ciberbullying. Actualmente, varios artículos revelan que “no hay una cifra para determinar cuántos jóvenes están sufriendo esto, sin embargo se ha descubierto que entre 12 y 34 años en donde más se está registrando este tipo de violencia”.

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Son las etapas de Primaria y la ESO las más delicadas en cuanto al desarrollo de acoso escolar se refiere. El aula y, en mayor ocasión, “el patio” se establecen como puntos claves donde la víctima recibe los abusos de su acosador. Existen varias modalidades de acoso escolar. Se establecen 8 distintas: bloque social, hostigamiento, manipulación, coacciones, exclusión social, intimidación, agresiones y amenazas.

A través de algunas medidas preventivas podemos evitar que esas categorías o modalidades de acoso escalar alcancen sus mayores exponentes o que inicialmente no aparezcan. Algunas de estas son:

-Establecer canales de diálogo entre los alumnos y el docente.
-Dar un importante papel a la observación tanto dentro, como fuera del aula. Observar comportamientos, estados de ánimo y cambios en los hábitos del alumno. Prestar atención al nerviosismo y a la fobia escolar. Controlar muy de cerca cuáles son sus círculos habituales (niños con los que juega o con los que tiene enfrentamientos).
-Educar emocionalmente, es decir, educar para controlar las emociones. Lograr que el alumno sepa comportarse con los demás y sepa vivir en convivencia.
-Establecer límites y normas en conjunto (alumnos y profesores) y exigir su correcto cumplimiento.
-Proporcionar información sobre el buen uso de las nuevas tecnologías y los riesgos que entrañan.

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Como docentes o futuros docentes debemos ser conscientes de una realidad que cada día se muestra de manera más habitual. Nuestra obligación es tomar las medidas preventivas pertinentes y actuar en caso de identificar casos de bullying o ciberbullying, conociendo asociaciones que luchan por la prevención como A.E.P.A.E (Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar).

Abramos los ojos ante enfrentamientos que parecen “cosas de niños” que pueden tener serias repercusiones en los alumnos que lo sufren.

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