“Derribando barreras”

Raquelficha

Si el concepto de “naturaleza como aula” te parece todavía algo novedoso, moderno o incluso remoto, alejado de nuestra realidad y de nuestro país, debes ponerte manos a la obra. ¿Por qué? Porque el número de escuelas que se desarrollan al aire libre aumenta en España año tras año.

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Esta metodología está basada en teorías que se remontan al siglo XX, cuando en el centro de Europa comenzaron a desarrollarse modelos educativos “alternativos”. Actualmente, países como Alemania cuentan con más de 1000 centros infantiles al aire libre. Existen argumentos que respaldan este desplazamiento del aula hacia lugares abiertos.

La creciente urbanización y el estilo de vida actual aleja cada día más a los más pequeños de un entorno natural. El ruido, la contaminación, los coches, el estrés o las nuevas tecnologías son algunos de los elementos con los que conviven nuestros alumnos. Sus centros, o las inmediaciones de los mismos están rodeados de asfalto, edificios y tonos grises.

Evidentemente, estos hechos tienen consecuencias. Una de ellas es la que algunos autores denominan como “analfabetismo ecológico”.

De este hecho deriva que los niños y niñas no sean capaces de percibir las estimulaciones que les brinda la naturaleza. Sus sentidos deben conocer las posibilidades que aporta pasear descalzo por la hierba o tocar la arena mojada. No están habituados al entorno abierto, a los colores, los sonidos o, simplemente, los olores.

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Asimismo, ese “derribando barreras”, al que hace referencia el título de este post, busca acabar con esos muros que limitan las aulas y con ello, los pensamientos de los alumnos que se encuentran ellas.

La educación en la naturaleza permite eliminar los sentimientos del niño asociados a la ansiedad que le provoca el “espacio aula”. De la misma manera, se fusionan los roles de docente y discente gracias a la conexión de ambas partes en un escenario de interacción en el que se llevan a cabo investigación de forma empírica y creativa.

Todo esto, proporciona a la vez al alumno un estado de equilibrio y bienestar consigo mismo y con el resto de sus compañeros que ayuda a mejorar las relaciones interpersonales.

Esta metodología, además de presentar ventajas muy favorecedoras para los alumnos, es apoyada por numerosos expertos como Heike Freire o Philip Bruchner, promotor de Bosquescuela (una de las escuelas al aire libre en España). Bruchner defiende que el aula debe ser la naturaleza y que el material didáctico que se utilice debe provenir del entorno.

En la actualidad además de Bosqueescuelas, existen otros proyectos de escuela al aire libre como el del Grupo de Juego Saltamontes en Madrid. Por otro lado, Barcelona también se establece como un lugar pionero en cuanto al uso de este tipo de metodologías estableciendo algunos espacios abiertos itinerantes y escuelas públicas, privadas y concertadas donde la naturaleza tiene un papel protagonista en la enseñanza.

Como podemos observar, la aplicación de esta metodología supondría romper con las concepciones y roles establecidos actualmente, meta que se lograría únicamente con un cambio de mentalidad real que estableciera al alumnado como protagonista. De nuevo nos enfrentamos a ese cambio que debe experimentar el sistema educativo español para conseguir explotar al máximo, y  de la mejor manera, las capacidades de nuestros jóvenes en formación.

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