“Todos somos bilingües”pero…¿y la LOMCE?

Tamaraficha



La RAE define bilingüismo como “Uso habitual de dos lenguas en una misma región o por una misma persona”, un concepto conocido por todos y que poca dificultad alberga. Sin embargo, y a pesar de ser el estudio de lenguas extranjeras mainstream en educación, tras el análisis de la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa, me pregunto si, realmente, se busca el “ansiado” bilingüismo.

En primera instancia,  la ridícula atención que se presta a las lenguas extranjeras en el preámbulo de la mencionada ley se reduce a un pequeño párrafo en el apartado XII, donde se muestra la (supuesta) intención de fomentar el plurilingüismo en nuestro país. Para ello, se alude a las recomendaciones de la Unión Europea, siendo este un objetivo para la construcción de un proyecto europeo. Sin embargo, a pesar de esta afirmación, se apuesta por el hecho de que “los estudiantes se desenvuelvan con fluidez al menos en una primera lengua extranjera”.

Quizás un objetivo poco ambicioso si verdaderamente nos encontramos en la búsqueda del plurilingüismo. Juzguen ustedes.

En esta línea, entre los fines que justifican su necesidad, se argumenta su relevancia desde un plano meramente económico, recurriendo a la empleabilidad y las ambiciones profesionales. Sin duda, un aspecto vinculado con este enfoque, aunque considero que no únicamente. ¿Dónde queda la cultura, los valores, actitudes y competencias que la adquisición de una lengua conlleva? Who knows.

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De este modo, se obvian diversidad de posibilidades: crecimiento y desarrollo personal, fomento de competencias cívicas en relación con la resolución de conflictos, ligado, a su vez, con el reconocimiento y aprecio de la diversidad… En definitiva, una enriquecimiento social, aunque probablemente en un sentido más amplio que el planteado.

Por otro lado, en el análisis de los beneficios del aprendizaje de una lengua, son muchos los argumentos encontrados, basados, por ejemplo, en la neurociencia, los cuales tampoco son tenidos en cuenta. Un caso de ello es un estudio de la  Universidad McGill y el Instituto Neurológico de Montreal, el cual ha demostrado la influencia que tiene en el cerebro la exposición temprana y breve a la lengua materna, aunque esta primera lengua no se vuelva a hablar jamás.

En conclusión, considero que la visión con la que son presentadas las lenguas extranjeras, tanto en la LOMCE como en el decreto que la concreta a  nivel regional, se limita a hacer mención a estas como un mero trámite, del que todos reconocemos la importancia pero del que poco fomentamos su presencia. A pesar de todo, aún nos preguntamos cómo es posible que la mayoría de países europeos alcance niveles óptimos en competencia lingüística mientras que en España “no seamos capaces de lograrlo” en  la primera lengua extranjera (tras más de quince años “inmersos” en estudio de la misma).

Asimismo, aludiendo al idílico proyecto europeo y a las recomendaciones de la UE, me temo  que aún estamos muy alejados del hipotético objetivo de alcanzar el plurilingüismo.

A todo ello, sumemos la mención indirecta que se hace al francés a lo largo de esta ley orgánica, pues su presencia se limita a la alusión de “segunda lengua extranjera”, sin encontrar mayor concreción.

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En definitiva, fuera de apoyar o no otros aspectos que articulan la ley, tales como la supuesta integración de la asignatura de ciudadanía con carácter integrador, el aparente incremento de autonomía de los centros o la (des)atención a las artes; en concreto, la (no) presencia de lenguas extranjeras en el currículo de primaria, me ha permitido tomar consciencia del valor real que parece otorgarse a las mismas.

Entonces…¿políglotas?

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