Centremos el cambio

Raquelficha

Habitualmente, establecemos como ejemplos de “educación idílica” la perteneciente a países como Noruega o Finlandia. Casualmente, estos ejemplos poseen sistemas educativos firmes e invariantes.

En primera instancia, y para comenzar con esta reflexión, me gustaría dar un breve paseo por las leyes educativas de nuestro país: Ley General de Educación (LGE) en 1970, Ley Orgánica Reguladora del Derecho a la Educación (LODE) en 1985, Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) en 1990, Ley Orgánica de la Participación, la Evaluación y el Gobierno de los centros docentes (LOPEG) en 1995, Ley de Calidad de la Educación (LOCE) en 2002, Ley Orgánica de Educación (LOE) en 2006 y Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) en 2013. Avanzamos con una media de una ley educativa cada cinco años. Esto nos permite extraer una serie de conclusiones. Las más importantes para mí son el reflejo de una inestabilidad política constante y la imposibilidad de llevar a cabo un pacto conjunto entre gobiernos que anteponga las necesidades de la sociedad a los intereses políticos.

Personalmente, considero que existen pilares insustituibles en nuestra sociedad actual. Uno de ellos lo constituye la educación. Al margen de ideologías políticas u opiniones personales más “de izquierda o de derecha” debemos poseer imparcialidad, objetividad y espíritu crítico que nos permita consensuar una ley que se establezca como marco y que se aplique sea cual sea el gobierno que presida.

De esta manera, docentes y personal de la comunidad educativa en general podrían trabajar para avanzar según objetivos comunes invariables con el paso del tiempo.

Al margen de lo anterior, y realizando una concreción más detallada e incluyendo, ahora sí, matices subjetivos específicos, debo destacar que he percibido que la nueva ley (LOMCE) está muy centrada en la formación del alumnado en materia empresarial. Este hecho me lleva a pensar que el enriquecimiento de nuestro país se antepone a muchas otras necesidades. A propósito de esto, me gustaría mencionar la inclusión de una competencia que trabaja el sentido de la iniciativa y el espíritu emprendedor. Desde mi parecer, esta debería remodelarse y plantearse como un enriquecimiento personal y una oportunidad de crecimiento de cara a un mundo que necesita versiones mejoradas de lo que ya tenemos.

En cuanto al trabajo en pro del cumplimiento de objetivos establecidos por la Unión Europea, debo añadir que estoy a favor ya que considero que debería comenzar a unificarse la enseñanza, sobre todo la de lenguas extranjeras. Los niveles de concreción son escasos y cada centro posee poder para seleccionar su segunda lengua extranjera. Considero que esta libertad puede ser muy positiva pero creo que, en la misma medida, es importante el establecimiento de mínimos comunes que logren que trabajemos hacia direcciones iguales.

Por último, solo me queda decir que no nos dejemos engañar. Los cambios, en multitud de ocasiones, nos benefician, pero no en un ámbito en el que se establecen como una cuerda floja que forja el futuro de nuestra sociedad. No necesitamos escuchar más promesas de nuestros políticos en materia educativa, necesitamos una realidad firme en el aula que favorezca la acción del profesorado y no se establezca como una barrera burocrática.

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