“Solo es un juego”

Raquelficha

La Real Academia Española define el deporte como la “actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas”. En su segunda acepción lo establece como “recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre”. Podríamos decir que el ejercicio físico que se debería desarrollar en las aulas de Educación Primaria debería estar entre ambos conceptos. Por un lado, debería establecerse como un juego pero a la vez como una actividad de recreación y pasatiempo.

En este momento, me encuentro en el país vecino, Francia, conociendo su sistema educativo y nutriéndome de multitud de aspectos interesantes. En estos últimos días he tenido la oportunidad de asistir a varias actividades relacionadas con el deporte. Esto ha despertado en mí algunas reflexiones, ¿aprovechamos los beneficios que nos reporta el aumento de actividades relacionadas con la práctica de ejercicio físico?

El deporte se establece como un vehículo para la transmisión de valores como el respeto o la obediencia, permite el desarrollo de la autoconfianza, y de competencias vinculadas al trabajo en equipo, se establece como un medio para la expresión de sentimientos e identificación de talentos y permite mejorar la tolerancia a la frustración.

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Tras finalizar un juego realizado en la clase de deporte la pasada semana, pregunté a un alumno qué era lo que había sentido. Su respuesta entre risas fue: “he sentido la necesidad de ganar, de hacer el mejor tiempo”. Habitualmente, observamos que algunos alumnos se enfadan, gritan o incluso lloran cuando no logran ganar o alcanzar la meta en el tiempo marcado. ¿Estamos utilizando el deporte para desarrollar competencias vinculadas a la gestión de la tolerancia o estamos logrando frustrar a los “menos diestros”?

Personalmente considero que en la actualidad, nos encontramos muy lejos de plantear actividades en las que el objetivo no sea “ganar o perder”. Enseñar a gestionar las emociones de nuestros alumnos para que afronten sus fracasos y aprendan de sus errores debe establecerse como nuestra única meta. Para ello podemos, por ejemplo, incluirnos en la actividad deportiva. No comportarnos como “el profesor que evalúa” para, de esta manera, lograr que el alumno se centre en disfrutar del deporte y no luche por ganar y demostrar que es el mejor.

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Aprovechemos las oportunidades, respiremos otras ideas, metodologías y formas de ver las cosas. Esto nos abrirá los ojos ante nuevos horizontes, o tal vez nos permitirá mirar de forma diferente los que teníamos delante.

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Centremos el cambio

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Habitualmente, establecemos como ejemplos de “educación idílica” la perteneciente a países como Noruega o Finlandia. Casualmente, estos ejemplos poseen sistemas educativos firmes e invariantes.

En primera instancia, y para comenzar con esta reflexión, me gustaría dar un breve paseo por las leyes educativas de nuestro país: Ley General de Educación (LGE) en 1970, Ley Orgánica Reguladora del Derecho a la Educación (LODE) en 1985, Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) en 1990, Ley Orgánica de la Participación, la Evaluación y el Gobierno de los centros docentes (LOPEG) en 1995, Ley de Calidad de la Educación (LOCE) en 2002, Ley Orgánica de Educación (LOE) en 2006 y Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) en 2013. Avanzamos con una media de una ley educativa cada cinco años. Esto nos permite extraer una serie de conclusiones. Las más importantes para mí son el reflejo de una inestabilidad política constante y la imposibilidad de llevar a cabo un pacto conjunto entre gobiernos que anteponga las necesidades de la sociedad a los intereses políticos.

Personalmente, considero que existen pilares insustituibles en nuestra sociedad actual. Uno de ellos lo constituye la educación. Al margen de ideologías políticas u opiniones personales más “de izquierda o de derecha” debemos poseer imparcialidad, objetividad y espíritu crítico que nos permita consensuar una ley que se establezca como marco y que se aplique sea cual sea el gobierno que presida.

De esta manera, docentes y personal de la comunidad educativa en general podrían trabajar para avanzar según objetivos comunes invariables con el paso del tiempo.

Al margen de lo anterior, y realizando una concreción más detallada e incluyendo, ahora sí, matices subjetivos específicos, debo destacar que he percibido que la nueva ley (LOMCE) está muy centrada en la formación del alumnado en materia empresarial. Este hecho me lleva a pensar que el enriquecimiento de nuestro país se antepone a muchas otras necesidades. A propósito de esto, me gustaría mencionar la inclusión de una competencia que trabaja el sentido de la iniciativa y el espíritu emprendedor. Desde mi parecer, esta debería remodelarse y plantearse como un enriquecimiento personal y una oportunidad de crecimiento de cara a un mundo que necesita versiones mejoradas de lo que ya tenemos.

En cuanto al trabajo en pro del cumplimiento de objetivos establecidos por la Unión Europea, debo añadir que estoy a favor ya que considero que debería comenzar a unificarse la enseñanza, sobre todo la de lenguas extranjeras. Los niveles de concreción son escasos y cada centro posee poder para seleccionar su segunda lengua extranjera. Considero que esta libertad puede ser muy positiva pero creo que, en la misma medida, es importante el establecimiento de mínimos comunes que logren que trabajemos hacia direcciones iguales.

Por último, solo me queda decir que no nos dejemos engañar. Los cambios, en multitud de ocasiones, nos benefician, pero no en un ámbito en el que se establecen como una cuerda floja que forja el futuro de nuestra sociedad. No necesitamos escuchar más promesas de nuestros políticos en materia educativa, necesitamos una realidad firme en el aula que favorezca la acción del profesorado y no se establezca como una barrera burocrática.

A hablar se aprende hablando

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En la enseñanza de las lenguas extranjeras se establece como pilar fundamental la enseñanza de competencias vinculadas a la comprensión y a la expresión para lograr la adquisición de destrezas en relación a la comunicación. Pero realmente, ¿esto se lleva a cabo?

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Es imposible no apreciar que es necesario conocer una serie de elementos antes de expresar, tanto en la forma oral como en forma la escrita, ya que estas formas de expresión poseen unas características específicas. Estos son los rasgos que caracterizan a los tipos de expresión. Basándonos en esto, podríamos decir que expresión oral debería plantearse como sinónimo de espontaneidad y la expresión escrita de planificación.

De este hecho deriva un tema muy debatido: ¿Los diálogos creados en el aula son auténticos? Para mí, como se puede anticipar, la respuesta es no. Dar frases específicas sobre cómo llegar a un lugar, sobre cómo preguntar el nombre o solicitar la creación de un diálogo utilizando dichas estructuras tiene como resultado una conversación falsa y sin ninguna autenticidad. Estas conversaciones ficticias son carentes de sentido y se encuentran muy lejos del objetivo principal: comprender y hacerse comprender.

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A propósito del logro de la comunicación auténtica, debo remarcar la importancia del lenguaje no verbal y de su aplicación en el aula. En la enseñanza de las lenguas extranjeras se olvida casi por completo este aspecto, tanto su enseñanza o mejora como su aplicación. Realmente este elemento posee un papel imprescindible ya que cuando alguien no logra entendernos hacemos uso inconsciente de gestos, cambiamos el tono de voz o incluso modificamos nuestra actitud con el receptor.

Asimismo, considero que otro aspecto al que no se atribuye la importancia que se merece es al léxico fraseológico y supone, como dicen gran cantidad de documentos, una codificación de la interacción social. Es por ello que creo que debería incluirse en el contexto educativo ya que, para mí, conocer expresiones o locuciones típicas de una lengua supone conocer esa lengua realmente.

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Al margen de lo anterior, es importante destacar que el aprendizaje de distintas competencias está muy relacionado con la comprensión ya que según se trate de escrita u oral será importante que el alumno sea capaz de entender el significado de una manera más global o detallada

Normalmente las lenguas extranjeras se estructuran y desarrollan a  través del libro de texto y se trabajan en base a esto estableciendo las guías didácticas como referentes indudables. Ahora que estudio la enseñanza de las lenguas soy más consciente de la gran cantidad de errores que se cometen en este ámbito, como en tantos otros.

Enseñar una lengua extranjera debe convertirse en enseñar a comunicar y comprender y para ello debemos dar a nuestros alumnos las posibilidades de conocer realmente una lengua, los elementos que la configuran y proporcionar la formación adecuada que les conduzca al desarrollo de una serie de competencias para cumplir esos objetivos ya que finalmente, sea cual sea la forma, lo importante es comunicarnos.

“Derribando barreras”

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Si el concepto de “naturaleza como aula” te parece todavía algo novedoso, moderno o incluso remoto, alejado de nuestra realidad y de nuestro país, debes ponerte manos a la obra. ¿Por qué? Porque el número de escuelas que se desarrollan al aire libre aumenta en España año tras año.

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Esta metodología está basada en teorías que se remontan al siglo XX, cuando en el centro de Europa comenzaron a desarrollarse modelos educativos “alternativos”. Actualmente, países como Alemania cuentan con más de 1000 centros infantiles al aire libre. Existen argumentos que respaldan este desplazamiento del aula hacia lugares abiertos.

La creciente urbanización y el estilo de vida actual aleja cada día más a los más pequeños de un entorno natural. El ruido, la contaminación, los coches, el estrés o las nuevas tecnologías son algunos de los elementos con los que conviven nuestros alumnos. Sus centros, o las inmediaciones de los mismos están rodeados de asfalto, edificios y tonos grises.

Evidentemente, estos hechos tienen consecuencias. Una de ellas es la que algunos autores denominan como “analfabetismo ecológico”.

De este hecho deriva que los niños y niñas no sean capaces de percibir las estimulaciones que les brinda la naturaleza. Sus sentidos deben conocer las posibilidades que aporta pasear descalzo por la hierba o tocar la arena mojada. No están habituados al entorno abierto, a los colores, los sonidos o, simplemente, los olores.

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Asimismo, ese “derribando barreras”, al que hace referencia el título de este post, busca acabar con esos muros que limitan las aulas y con ello, los pensamientos de los alumnos que se encuentran ellas.

La educación en la naturaleza permite eliminar los sentimientos del niño asociados a la ansiedad que le provoca el “espacio aula”. De la misma manera, se fusionan los roles de docente y discente gracias a la conexión de ambas partes en un escenario de interacción en el que se llevan a cabo investigación de forma empírica y creativa.

Todo esto, proporciona a la vez al alumno un estado de equilibrio y bienestar consigo mismo y con el resto de sus compañeros que ayuda a mejorar las relaciones interpersonales.

Esta metodología, además de presentar ventajas muy favorecedoras para los alumnos, es apoyada por numerosos expertos como Heike Freire o Philip Bruchner, promotor de Bosquescuela (una de las escuelas al aire libre en España). Bruchner defiende que el aula debe ser la naturaleza y que el material didáctico que se utilice debe provenir del entorno.

En la actualidad además de Bosqueescuelas, existen otros proyectos de escuela al aire libre como el del Grupo de Juego Saltamontes en Madrid. Por otro lado, Barcelona también se establece como un lugar pionero en cuanto al uso de este tipo de metodologías estableciendo algunos espacios abiertos itinerantes y escuelas públicas, privadas y concertadas donde la naturaleza tiene un papel protagonista en la enseñanza.

Como podemos observar, la aplicación de esta metodología supondría romper con las concepciones y roles establecidos actualmente, meta que se lograría únicamente con un cambio de mentalidad real que estableciera al alumnado como protagonista. De nuevo nos enfrentamos a ese cambio que debe experimentar el sistema educativo español para conseguir explotar al máximo, y  de la mejor manera, las capacidades de nuestros jóvenes en formación.