Educar desde el talento

Ficha Tamara


“Necesitamos asegurarnos de que todas las personas tienen la oportunidad de hacer lo necesario para descubrir el Elemento por sí mismas y a su modo”

En ocasiones despreciamos la relevancia del contenido de esta cita de Ken Robinson, en su libro El Elemento,  donde se explicita la necesidad de crear espacios en los que cada persona se encuentre inspirada para crecer creativamente.

Nuevamente, aludiendo a palabras de este educador y escritor, si “la gente produce lo mejor cuando hace las cosas que ama”, ¿por qué desde las aulas nos empeñamos en educar a todos los niños y niñas de la misma forma?

Dicho enfoque, desde el que se contribuye a la transmisión de una educación generalizada, no sólo obvia las capacidades de cada uno de los niños y niñas, sino que olvida con ello la importancia de la ilusión y pasión durante este proceso, despreciando así su poder para conseguir resultados increíbles y, especialmente, el crecimiento integral del alumno.

Por tanto, con esta cuestión, pretendo ir más allá de la integración de adaptaciones curriculares, metodológicas y demás actuaciones imprescindibles para lograr adecuar el proceso a los diferentes ritmos de aprendizaje o necesidades. Con ello me refiero a una individualización real que parta siempre de los talentos de nuestros alumnos y alumnas, aprovechando esta ventaja como vehículo para interrelacionar otras destrezas.

En esta línea, el discurso que pretende dar explicación a la dificultad para la integración de ello suele estar vinculado con el ratio de alumnos por aula, la “necesidad” de cumplir con un denso currículo, la limitada formación del profesorado en metodologías innovadoras o trabajo por proyectos y un largo sin fin de excusas (todas ellas subsanables).

Sin embargo, estos argumentos no justifica la imposibilidad de desarrollar el extraordinario potencial de cada uno de nuestros pequeños, por lo que debemos ser responsables de esta tarea para educar desde el talento, atendiendo a las particularidades y diversidades que enriquecen el aula.

Ante esta situación, es probable que surja el debate entre el predominio de la herencia genética o de entorno (y con ello la educación). Sin lugar a dudas, mi postura se sustenta a partir de la segunda (aunque sin obviar la presencia de la herencia genética para ello, confiando ciegamente en su capacidad para establecer cambios significativos).

Por todos es sabido que los factores genéticos influyen en nuestras capacidades y aptitudes, aunque teniendo en cuenta que estas no son determinantes, ya que los componentes externos inciden de forma directa durante nuestro crecimiento, siendo la educación una verdadera desarrolladora de talentos.

Relacionado con esta marcada influencia, cabe destacar la convicción existente en cuanto a las circunstancias del nacimiento (según sea en una determinada familia o entorno) como la mayor fuente de desigualdad en la sociedad.

Así, existen evidencias de que los niños criados en ambientes de desventaja social tienen menor probabilidad de ser exitosos en la escuela y en la vida social y económica. En este sentido, en primer lugar, la política pública debe ejercer como compensatoria a través de la educación, identificando la necesidad de creación de ambientes tempranos, a partir de los cuales se logre equilibrar las consecuencias del “accidente del nacimiento”.

Además, en un análisis de la repercusión que supondría la integración de dichas políticas, cabe destacar algunos aspectos favorables:

-Las habilidades cognitivas y socio-emocionales son importantes para el éxito socioeconómico.

-Actitudes como la motivación, la perseverancia y la tenacidad incrementan el rendimiento en la sociedad, reduciendo consigo las posibilidades de fracaso.

-Muchos problemas económicos y sociales tienen sus raíces en los bajos niveles de capacidad de la población, pudiendo estos ser subsanados a partir de intervenciones tempranas que promuevan la escolarización y el desarrollo del talento.

En definitiva, a partir de todos estos beneficios para la prosperidad de nuestra sociedad, se estima que estas intervenciones tendrían altas tasas de retorno y costo-beneficio.

Por tanto, recuperando la cuestión planteada, cuya respuesta es base para nuestro sistema educativo, deberíamos apostar por una mayor reflexión vinculada a la implantación de una educación adaptada a los talentos innatos de cada alumno, con el objetivo de desarrollar el máximo potencial a partir de las destrezas e intereses individuales.

           

No obstante, este hecho no supone limitar el proceso de enseñanza-aprendizaje a la estimulación de aquello en lo que cada uno se talentoso, sino aprovechar  dicha aptitud para desarrollar “el mejor yo” de cada uno de nuestros niños.

Además, seleccionado este tipo de actuaciones situaríamos a la motivación como pilar de dicho enfoque, ya que al atender a aquellos talentos nos centraríamos en sus verdaderas pasiones, integrando el carácter emocional que nunca debe ser olvidado en educación.

En definitiva, apostando por la creación de espacios creativos, en los que todos ellos sean capaces aprender, crear y crecer a partir de su talento personal.

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Un comentario en “Educar desde el talento

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